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Bozate es un barrio de la localidad de Arizkun en el valle de Baztán (Navarra, España). Es famoso por haber sido el último enclave conocido de población de agotes, grupo social discriminado por oscuras razones. En la actualidad tiene 120 habitantes y es foco de turismo rural.

En dicha localidad se encuentra el Museo Etnográfico de los Agotes, promovido por el escultor navarro Xabier Santxotena.

El barrio de Bozate

El barrio de Bozate (en Arizkun, Baztan) está rodeado de oscuras leyendas medievales que mantienen su vieja aureola de misterio. Las más conocidas son las que hablan de los agotes, un grupo social marginado en siglos pasados.

Trasera de una casita típica de Bozate.         Xabier Santxotena, delante de la escultura <i>Amu-arraina</i>.    Vista de Bozate desde el palacio de Ursua.

GORRIENEA

Además de buenos músicos, entre los bozatarrak hubo siempre excelentes artesanos, albañiles, canteros, carpinteros y ebanistas. Esto queda hoy bien reflejado en la casa Gorrienea de Bozate. Creada en 1998, esta casa-museo recrea por un lado el entorno familiar de su promotor, Xabier Santxotena, cuya familia se dedicó a la carpintería y ebanistería durante varias generaciones ; y por otro, alberga algunas de las obras de este escultor nacido en Arizkun el 5 de octubre de 1946.

Dedicado profesionalmente a la hostelería, Santxotena se considera un discípulo del escultor Jorge Oteiza, al que conoció en 1969 cuando el cocinero regentaba el restaurante Aranzazu de Zumárraga. Supervisado por el genial artista, Santxotena se dedica desde entonces a tallar la madera en su taller de Artziniega (Álava). No obstante, buena parte de su obra monumental se encuentra en Gorrienea y en el parque del museo abierto en 2003 como una ampliación de aquella casa donde vivieron sus ancestros.

 

«De algún modo, soy un heredero de la tradición artesana de los bozatarrak. Y es que estos además de artistas eran unas personas estrechamente ligadas a la ecología del valle y especialmente a la cultura del agua. Los bozatarrak fueron, entre otras cosas, pescadores profesionales. Por eso, una de las esculturas del parque, titulada Amu-arraina, además de ser un tótem del río, refleja aquella ocupación de subsistencia que estuvo también asociada a los tradicionales habitantes de Bozate».

 

TEXTO: JOSÉ A. PERALES

           

En la parte septentrional del valle de Baztan, al pie del Gorramendi (1.070 metros), se encuentra el barrio de Bozate. Este núcleo de casitas blancas es hoy un lugar atractivo y luminoso. Sin embargo, su historia y las viejas leyendas creadas en torno a la marginación que sufrieron sus antiguos habitantes (los agotes) mantienen este rincón de Arizkun envuelto todavía en cierto halo de misterio.Los agotes fueron -junto con los chuetas, vaqueiros de alzada, pasiegos, maragatos, gitanos, y quinquis- uno de los grupos sociales tradicionalmente marginados en España. Dos libros de historia -de Paola Antolini y de Carmen Aguirre Delclaux-, y también varias novelas -la más antiguas de Pío Baroja y Félix Urabayen, y las más recientes de Toti Martínez de Lezea y de Gaizka Arostegui- recrean aquella vieja exclusión de la que fueron objeto las gentes de Bozate. También ha habido en las últimas décadas varios etnógrafos y periodistas que como Caro Baroja, Florencio Idoate, Arbeloa, y otros, han aportado sus particulares visiones sobre este tema. Sin embargo, rara vez se ha escuchado a los propios bozatarrak hablar de sí mismos, de su propia identidad, o de la marginación de que fueron objeto sus antepasados.

Origen de los agotes

El escultor Xabier Santxotena, nacido en Arizkun hace 59 años, ha dedicado muchas horas a leer o investigar las distintas versiones que se han dado sobre el origen de sus ancestros de Bozate. La que más le convence es la que han dado algunos historiadores franceses, que hablan de los agotes (o cagots ) como un antiguo gremio de la construcción, dedicado en Francia a la edificación de catedrales. «En el siglo XI y XII, los cagots, lo mismo que los cátaros, llegaron a tener bastante influencia en la zona de Occitania (sur de Francia), lo cual llegó a convertirse con el tiempo en un problema social, ya que aquellos grupos tenían unas ideas religiosas diferentes de la ortodoxia católica», dice Santxotena. «Por ejemplo, incineraban a sus muertos, estaban en contra de la jerarquía de la iglesia, etc».

 

Según dice el escultor, aquellas disidencias, mezcladas con los complejos intereses políticos de la época, dieron lugar a una guerra de religión que ocasionó la muerte de un millón de personas entre 1213 y 1320.

 

Por aquellos años, muchos de los cátaros y agotes que habitaban en la parte francesa cruzaron la frontera pirenaica y se instalaron en diversas regiones del norte de España, desde Cataluña hasta Asturias, pasando por Aragón y Navarra. Aquí hubo agotes trabajando, entre otras zonas, en Roncal, Salazar, Olite, Gallipienzo, etc. En muchos de estos lugares, sus descendientes acabaron asimilándose y desapareciendo como un grupo social diferenciado.

 

Sin embargo, en Bozate, debido en parte a las viejas estructuras socioeconómicas y culturales de la zona, aquellas familias de agotes se mantuvieron concentradas, identificadas, y marginadas durante varios siglos. «Aquí se dice que los trajo Pedro de Ursúa, para tenerlos a su servicio, ya que eran buenos artesanos. Pero en Baztan nunca se les llamó agotes, sino bozatarrak», dice Santxotena.

 

Un barrio marginado

 

Bozate está situado a un kilómetro del núcleo principal de Arizkun, del que se encuentra separado por el río Baztan. Antiguamente, este barrio de casitas bajas y bañado por la regata Gainekoure tenía forma de herradura, pero en el siglo XIX, se levantaron en la parte baja algunas viviendas nuevas que terminaron por cerrar el círculo de este núcleo surgido en el siglo XIV en torno al palacio de Ursúa.

 

Desde el siglo XIV hasta la primera mitad del siglo XX, los vecinos de Bozate sufrieron diversas formas de exclusión. En la parroquia de Arizkun por ejemplo tenían una puerta por la que solo podían entrar y salir los bozatarrak. También tenían un lugar reservado en el templo, una pila bautismal aparte, y una zona del camposanto destinada exclusivamente para ellos. Además, no se podían casar con personas de fuera del grupo, y se mantuvo también la segregación en la escuela, y en otros ámbitos sociales.

 

Aquella marginación se justificó durante un tiempo diciendo que los bozatarrak eran leprosos o que tenían otras enfermedades contagiosas, aunque está demostrado que aquello nunca fue cierto. También, se dijo que eran brujos o hechiceros, que tenían rabo, que les olía el aliento, y otras barbaridades que suelen atribuirse a los grupos marginados.

 

En opinión de Santxotena, aquellos prejuicios e imágenes estereotipadas tenían probablemente un origen religioso ya que los primeros agotes se consideraron herejes, y consiguientemente fueron desde el punto de vista simbólico, una especie de «leprosos espirituales». Sin embargo, como sucede hoy con los inmigrantes, aquella marginación étnica o religiosa llevaba aparejada también una exclusión de tipo socioeconómico.

 

Los oficios

 

Entre los bozatarrak, había toneleros, carpinteros, sepultureros, albañiles…También hubo tejedores, pescadores, y gente dedicada a la música y las artes, como txistulalis, atabaleros, etc. Pero no hubo ganaderos, ni propietarios de tierras hasta bien entrado el siglo XIX, que es cuando empieza a diluirse poco a poco en España aquella exclusión histórica.

 

En Baztan, casi todos los propietarios eran hijosdalgo y tenían su caserío con escudo, mientras que en aquella semiaristocracia agroganadera que se dio en la montaña navarra el que no tenía propiedad estaba obligado a emigrar a América, hacerse religioso, quedarse de segundón, o emplearse como criado (morroi) en una casa ajena. Al final del escalafón, siempre estaban los bozatarrak, que además de ser pobres, estaban excluidos también por cuestiones étnicas o religiosas.

 

En Navarra aquella segregación terminó formalmente en 1819, cuando las Cortes, prohibieron expresamente la marginación de los agotes. Sin embargo, en Arizkun los bozatarrak continuaron separados en la iglesia y en otros ámbitos sociales durante todo el siglo XIX y parte del siglo XX.

 

Hacia la integración

 

Entre los años 40 y 50 del pasado siglo se tapió la puerta de la iglesia por donde entraban los bozatarrak, y se trasladó el cementerio a otro lugar, borrándose los vestigios que quedaban de aquella segregación histórica.

 

A pesar de ello, hubo un tiempo no muy lejano en el que algunas personas nacidas en el barrio de Bozate, se sintieron inseguras, o sensibilizadas por el vago recuerdo de aquella marginación de la que rara vez se habló dentro del grupo.

 

Hoy, con la globalización y el alto nivel económico alcanzado por nuestro país, ser agote ya no es ningún problema, sino más un atractivo signo de identidad. Por eso hay cada vez más personas, como Xabier Santxotena, decididas a reivindicar abiertamente la memoria de sus antepasados, poniendo el énfasis en los aspectos positivos de aquella gente de «pelo rojo y cabellos de lino» que aportaron al valle un caudal de sensibilidad artística y ecológica que solo ahora empieza a reconocerse.

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